La historia de Open English

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En el año 2007, un joven emprendedor venezolano dormía en el sofá de la casa de un amigo en Silicon Valley mientras, día a día, con su único traje elegante, buscaba inversionistas para financiar su emprendimiento. Hoy en día su empresa está valorada en más de $350 millones de dólares.

Con más de 500.000 usuarios y, gracias a su publicidad, ha logrado crear una
exitosa marca comercial que se hizo viral en Latinoamérica, ¿Cómo lo logró?

El protagonista de esta historia es Andrés Moreno, quien nació en el año de 1982 en Caracas - Venezuela.
Durante su infancia y adolescencia, Andrés vivió en 9 países diferentes debido a que su padre ejercía labores en empresas internacionales; gracias a ello, aprendió inglés desde muy joven y desarrolló una gran pasión por los idiomas.

Al llegar a la adolescencia, decidió regresar a su patria para estudiar ingeniería mecánica en la universidad Simón Bolívar de Caracas. Luego de 4 años, cambió a la carrera de ingeniería de producción.

Cuando apenas le faltaban 9 meses para graduarse, encontró su pasión por el emprendimiento y decidió abandonar la universidad.
Sus padres no estaban muy de acuerdo con él, pero esto no impidió que, a los 23 años, Moreno pusiera en marcha su primer emprendimiento.

Según cuenta, en sus años de infancia había descubierto que los idiomas eran una puerta al crecimiento profesional, así que decidió incursionar en este sector. Creó una empresa llamada Optimal, que se encargaba de fichar recién egresados de universidades de Estados Unidos, para dar clases en empresas de Venezuela que buscaban que sus empleados adoptaran el inglés como segundo idioma.

Durante el primer año de operaciones obtuvo ingresos por $400 mil dólares; sin embargo, pronto descubrió que gestionar el transporte, estadía y realizar los trámites necesarios para que una persona migrara de un país a otro, tenía altos costos en tiempo y dinero. Además, las clases tradicionales presenciales contaban con ciertos inconvenientes que dificultaban escalar la empresa.
Por el año 2007, Skype, una herramienta que permitía realizar video-llamadas a través de Internet, estaba tomando fuerza en Latinoamérica. Tras realizar su primera video-llamada a través de la plataforma, Andrés consiguió la inspiración que su negocio necesitaba para evolucionar y convertirse en un concepto mucho más innovador y escalable.

Al emprendedor se le ocurrió que podía utilizar la tecnología de Skype para evitar tener que traer profesores americanos y así permitir a sus alumnos y profesores mayor flexibilidad en el proceso de aprendizaje.

En aquel entonces, era un momento clave en el que aquellas personas que dominaban el inglés, lograban un mayor desarrollo profesional porque podían aprovechar mejor las nuevas tecnologías y acceder a contenidos actualizados que se publicaban principalmente en este idioma. Por esta razón, había una tendencia creciente en la demanda de los cursos de inglés; sin embargo, el proceso de aprender el idioma en esa época era muy costoso e ineficiente.

Según Moreno, en América Latina las personas solían adquirir solamente conocimientos básicos de inglés, pero, el reto del negocio que tenía en mente, era hacer que las personas lograran hablarlo con fluidez, y eso solo se podía conseguir con práctica y con el acompañamiento de profesores nativos.

Totalmente decidido a revolucionar la industria, se asoció con un ex compañero de la universidad para crear una plataforma que permitiera la enseñanza del idioma en línea y con disponibilidad las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Tomó el capital que había ganado con su anterior empresa y lo invirtió en el nuevo proyecto.

Instaló sus oficinas en su propio apartamento en Caracas, y llegó a trabajar con hasta 22 programadores en el desarrollo de la idea, la cual decidió nombrar “Thinkglish!”. El nombre no tuvo mucha aceptación porque era muy difícil de pronunciar, así que lo cambiaron por “Open english”.

Para aquel entonces, conseguir capital de inversión desde Latinoamérica para emprendimientos de base tecnológica, era toda una odisea; pues existía mucho escepticismo, incertidumbre y desconocimiento con respecto a la industria.

Con $1.000 dólares en el bolsillo, que eran todo el capital que tenía a su disposición, decidió emprender un viaje a Silicon Valley para intentar conseguir inversión y poder seguir adelante con su proyecto. Se contactó con un amigo que vivía allí y le pidió el favor de que le permitiera alojarse mientras encontraba inversionistas que creyeran en su idea.

Durante dos años durmió en el sillón de su amigo y todos los días se ponía su único traje y corbata para salir a reunirse con inversionistas ángeles. Luego de su ardua búsqueda, por fin encontró el apoyo de no solo uno, sino varios inversionistas que veían potencial en Open English. Logró conseguir $2 millones de dólares en capital de inversión para poner en marcha su emprendimiento.
En el año 2009 trasladó su empresa a Miami, Florida, e inmediatamente comenzó a trabajar en el proyecto.

Luego de un año de trabajo, el prototipo de la plataforma estaba listo para lanzarse; pero, debido al alto costo de desarrollar su tecnología, apenas contaban con capital para invertir en publicidad. Así que, recurrieron a su creatividad para idear una serie de comerciales que se trasmitirían en televisión por cable en distintos países de Latinoamérica.

Los spots publicitarios eran sencillos y divertidos. Debido al bajo presupuesto, no podían permitirse contratar actores o crear grandes escenarios, por lo que Andrés se vio en la obligación de actuar en ellos.
Tras salir los comerciales al aire, fueron contactados por más de 60 mil personas. Los comerciales se hicieron virales y pasaron a la historia por su contenido cómico.

En su primer mes de operaciones, Open English logró recaudar $40 millones de dólares en financiación por parte de inversionistas para seguir creciendo.
Para el año 2013, la empresa ya había recibido inversión por más de $120 millones de dólares, una cifra que se considera récord de inversión para una empresa latinoamericana.

La compañía hoy cuenta con oficinas en Miami, Bogotá, Sao Paulo, Caracas y Buenos Aires; opera con 2000 empleados en 20 países alrededor del mundo; está valorada en $350 millones de dólares y tiene más de 500.000 usuarios.

Andrés Moreno, que hoy tiene 37 años, continúa ejerciendo como CEO de Open English, empresa que pertenece a la corporación Open Education, de la que también hacen parte otras empresas, cómo Next University y Open English Junior, compañías que han sido creadas con un único fin: revolucionar la nueva era del aprendizaje.

Así concluimos la inspiradora historia de Open English, una empresa que nació de un joven apasionado por los idiomas en un pequeño apartamento en caracas y que, gracias a la persistencia y determinación de su fundador, hoy en día es una de las compañías de base tecnológica más exitosas de Latinoamérica.

Johan Medero

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